E. P. Rodríguez- Somoza
ABC
La ‘número dos’ de Montoro reniega de hacer Presupuestos populistas: «Supondría más déficit y deuda»

Recién presentados los Presupuestos Generales del Estado para 2016, la «número dos» del ministro Cristóbal Montoro profundiza con ABC sobre las claves en las que se asientan, con unas previsiones económicas muy positivas para el año –un crecimiento del PIB del 3%, una caída de la tasa de paro al 19,7% y la reducción del déficit público al 2,8%– y en los que no faltan guiños al electorado y a los funcionarios. «El mayor mensaje del presupuesto es que elige hacer más gasto social», destaca. Pero matiza: «Los presupuestos podrían estar llenos de mensajes populistas, pero eso supondría más déficit y más deuda pública».

Más gasto social, recuperación de sueldo y días de libre disposición para los funcionarios, más inversión en las autonomías, sobre todo en Cataluña… ¿No hay una clara intención electoral en el diseño de los Presupuestos?
Tienen la coherencia lógica con lo que hemos venido haciendo. En realidad son los Presupuestos que nadie creyó en 2012. Cuando Montoro afirmaba que España estaba sorprendiendo en su recuperación y parámetros económicos es porque esto ya lo hizo antes, recuperando la economía española desde el fondo hasta el éxito. Reflejan crecimiento, al tiempo que siguen consolidando. Una consolidación directamente ligada a la recuperación de la confianza que, a su vez, se traduce en bienestar y riqueza. Esta recuperación de la confianza está siendo reconocida por el mundo entero y a todos los niveles. La inversión exterior en España crece y nuestra deuda pública es rentable y apetecible. Por tanto, da coherencia a los pasitos que hemos ido viviendo, desde el decrecimiento al punto de inflexión del 1,4% el año pasado, al 3,3% de 2015 y al 3% de 2016.

A pesar de esas pequeñas alegrías, hablan de cuentas rigurosas. ¿Dónde se mantiene esa austeridad?
En todas las cuentas. Es una austeridad que deriva de la convergencia. Lo primero fue recuperar la confianza y lo siguiente llegar a la normalidad constitucional que tenemos diseñada en el Programa de Estabilidad, con un horizonte a 2018. Un programa que es creíble porque se lleva trazando y cumpliendo desde 2012. Con todo, somos conscientes de que tenemos retos muy importantes como lo es minorar la deuda pública. Esto solo se consigue cumpliendo las reglas fiscales, es decir, que el gasto no crezca por encima de la tendencia de la economía. Este es el primer presupuesto que celebramos con superávit primario nominal. Hasta ahora habíamos hecho un camino de consolidación reduciendo el déficit estructural, pero no teníamos más ingresos que gastos, como sí ocurre con las cuentas de 2016. Esto nos permite que la deuda baje y ahí es donde se ve el presupuesto racional y austero, con una distribución cualitativa del gasto.

¿Qué parte del ahorro de más de 7.000 millones en intereses de la deuda y prestaciones por desempleo se destinará a reducir el déficit público y qué parte a gasto social?
El techo de gasto está bajando un 4,4%. Esta reducción viene de dos fuentes de financiación, una son los ingresos y otra la deuda inherente al objetivo de déficit. El año pasado teníamos un objetivo del 2,9% sobre el PIB y en el actual, del 2%. Pero a su vez hay un componente vía ingresos que crece un 4% sobre el presupuesto inicial y un 6% sobre la previsión de recaudación. La mayoría de estas ganancias se las llevan las administraciones territoriales y aún queda un crecimiento del 0,8% de ingresos a disposición del Estado. Esto hace que el techo de gasto se reduzca en 5.666 millones. A partir de ahí jugamos con un cambio cualitativo que deriva la mayoría del ciclo económico con dos efectos muy importantes; 2.000 millones de interés y casi 5.800 por la minorización de las prestaciones por desempleo. Esto revierte en que el gasto disponible de los ministerios aumente de media 1.000 millones. Hay que diferenciar muy bien entre el presupuesto en sí mismo y el consolidado. Este último adiciona organismos y entes que no incluye el primero. Además, hoy el endeudamiento es posible y hace dos años no lo era, todas las fuentes de financiación están abiertas. El mejor presupuesto que se puede hacer es crecer.

¿ La contención del déficit sigue siendo la prioridad?
Sin duda. La contención del déficit es la garantía de nuestro Estado, lo que nos llevará a recuperar la triple A; de que un inversor puede apostar por España porque tiene estabilidad institucional, responde a sus compromisos y tiene seguridad jurídica; y de que los acreedores van a cobrar sus deudas. Cuando España se dedicaba a hacer políticas populistas y llevaba su déficit al 11% o 9% del PIB, como lo recibimos nosotros, los capitales se retiraron. Un país tan endeudado como el nuestro depende de que le sigan renovando los vencimientos. Si no lanzamos mensajes de seriedad y garantía nos pasaría lo que a Grecia.

Precisamente hace unos días el exministro Varufakis advertía de que le puede pasar lo mismo a España.
Un ministro y un gobierno que han arruinado a su país y engañado a la población no me merecen ninguna credibilidad. Es el ejemplo claro de un fenómeno «mass-media» fraudulento.

¿Es posible reducir el peso del gasto público sobre el PIB y mantener el Estado de bienestar?
Sí. Es un fenómeno que depende del comportamiento del PIB, pero las previsiones apuntan en esta dirección. Cuando hablamos de gasto público hay que ver sus componentes. La reducción en intereses de la deuda y la creación de tres millones de puestos de trabajo y su repercusión en la minorización de las prestaciones por desempleo, junto al incremento de la inversión privada con fuentes propias de financiación suponen un importante ahorro que se puede destinar a otras utilidades. Esta es nuestra hoja de ruta.

Los Presupuestos solo prevén un incremento de las pensiones del 0,25%, que es lo que fija la ley que ustedes mismos han aprobado. La única forma de subir más las pensiones sin incumplir la ley es que el Presupuesto del Estado asuma algunos gastos de prestaciones. ¿Es una posibilidad?
Es una realidad que va a seguir avanzando. Es una cuestión que no ha quedado clara a lo largo de la legislatura, que nos ha costado mucho trasmitir. El Presupuesto regula el gasto de los ministerios, pero también las relaciones que tiene con el resto de administraciones, incluida la UE. Es un gran financiador, de las corporaciones territoriales y la Seguridad Social. Este año hay 17.000 millones financiados con impuestos que van a la Seguridad Social, al sistema y al Servicio Público de Empleo. Pero es que hemos tenido casi 33.000. Es decir, la partida transferida ha llegado a ser casi tan importante como la partida destinada a intereses o la prestación por desempleo en su momento más alto. Conscientes del grave problema vegetativo que tiene España, a futuro el Gobierno quiere garantizar la supervivencia de las pensiones.

Un 0,25% de subida en año electoral y cuando a los funcionarios se les sube un 1% parece muy poco…
Sabe a poco porque estamos acostumbrados a un sistema que sube las pensiones con fines electoralistas. Hay que tener en cuenta que las pensiones se han protegido durante toda la legislatura y que hay inflación cero.

La deuda pública empezará a bajar en 2016, pero aún está muy alta.
Sigue en un nivel muy alto porque ha sido necesario. No lo fue tanto en la legislatura anterior y se disparó. La deuda pública que se ha ido generando desde 2007 se debe al Gobierno anterior. Cuando llegamos nosotros nos encontramos deuda para barrer y lo primero que tuvimos que hacer fue convertir la deuda comercial en pública, porque empresas y particulares querían cobrar. La deuda pública cuando está bien invertida no es preocupante, lo es cuando la utilizamos, como en 2009, para introducir estímulos fiscales en la economía que no generan crecimiento.

¿Durante cuánto tiempo es sostenible mantener esos niveles de deuda?
Mientras los mercados se fíen de España no habrá problema. Es preocupante si empezamos a hacer tonterías, si alguien revierte esta política, si perdemos otra vez la confianza y dejamos de cumplir los objetivos. Como miembros de la UE llevamos en nuestro ADN el objetivo de llegar al 60% del PIB en deuda.