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“La corrupción que más me preocupa en nuestro país es la de la mente”
Emilio Lledó Filósofo El académico, «pensador de relevancia internacional», ha sido galardonado por impulsar «la convivencia en libertad y democracia» Emilio Lledó (Sevilla, 1927) anda estos días de verano prematuro con una «gripe alérgica». Por suerte, recuperó la voz a tiempo para manifestar, ayer, su agradecimiento por la concesión del premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, dotado con 50.000 euros y una escultura de Joan Miró. «Lo agradezco muchísimo, pero siento, y no es retórica barata, que no haya habido una Mafalda este año», confesaba en conversación telefónica con ABC poco después de conocer el veredicto. El jurado, reunido en Oviedo, decidió premiar a este «pensador de relevancia internacional y de trayectoria ejemplar en el ámbito de las humanidades» por hacer suya la razón ilustrada «a través de un diálogo que impulsa la convivencia en libertad y democracia». Esa virtud, ensalzada en el acta, quedó de manifiesto a lo largo de la conversación con el filósofo, que comenzó a responder solícito: «Venga, lánceme una andanada». La última vez que charlamos, cuando el año pasado le concedieron el Nacional de las Letras, me dijo que, si volviera a nacer, le gustaría ser maestro de escuela. La educación es esencial, en el sentido de que tiene que ser creadora de libertad. Esa curiosidad de los niños es frescura, y esa frescura hay que seguirla dando en la escuela y no meterles en la cabeza aprendizajes absurdos, grumos mentales que les paralizan el fluir tierno y maravilloso de sus neuronas. No meterlos en aprendizajes de libros como un castigo, porque la lectura es también la libertad. Y disfrutar de esa lectura. ¡Y disfrutar! Es fundamental que mantengamos esa idea de la libertad. Tendríamos que dar las gracias a todos los que han escrito. Qué maravillosa posibilidad la de salir de nuestro mundo y poder hablar con Cervantes, Jovellanos, Platón, Nietzsche, Lorca, Machado y con quien quieras… ¡Esa posibilidad de diálogo infinito que es la lectura! Para eso tendríamos que intentar salir de esa individualidad empobrecida en la que parecemos instalados. Sin duda. Por eso la lectura es la posibilidad. Es una invasión del mundo, de la historia, del pasado, de otros diálogos; que a través de ese prodigio de la escritura, de las letras, de los libros, pueda yo dialogar con el pasado. Una de las cosas que siempre ha defendido es la importancia del humanismo. ¿Por qué tengo la sensación de que siempre que se enfrenta con la economía sale perdiendo? Porque la codicia y el dinero muchas veces se deforman y corrompen. La corrupción que a mí más me preocupa en nuestro país es la de la mente. La corrupción de la cabeza, de la mentalidad, el justificar lo injustificable; y no sólo justificarlo, sino no saber ya qué es lo que debes pensar, desear, querer. La idea de justicia, de bondad, de belleza, de cultura, ha surgido porque los seres humanos lo han necesitado. ¿Y por qué, a veces, nos olvidamos de que un país es su Cultura? Es una enfermedad. El verdadero patriotismo es el de la cultura. Nuestro país tiene un latido de cultura que no sabemos cultivar, que no sabemos explotar en el mejor sentido de la palabra, que no sabemos mimar. Es ejemplo, a sus 87 años, de que el saber antiguo ayuda al saber presente. Tengo la suerte de haber estudiado a fondo Filología clásica. El poder leer la «Ilíada» en griego es un placer, es uno de los regalos que he recibido en la vida. ¿Y qué piensa cuando escucha a Albert Rivera decir que la regeneración sólo la pueden llevar a cabo los que han nacido después de la Transición?? Me parece una estupidez. No tiene sentido, no está pensado. Somos lo que hemos sido. Es importante la historia y yo o soy feliz, a pesar de mis años, porque mee parece que soy el mismo muchachitoo que, con esa maleta de cartón, se fue a Alemania. Te puedes haber equivocado en tu vida alguna vez, pero me reconozco y no me siento indigno de aquello. La falta de reflexión que hay en declaraciones como la de Rivera está asociada también a la ignorancia. Claro. Yo lo noto mucho en los tertulianos en la radio: veo la ignorancia terrible de muchos de ellos, que yo los llamo «tertuliajos». Hay gente estupenda, pero hay unos ignorantes que dicen cosas realmente inconcebibles y opinan de todo, y con una trivialidad y una vulgaridad y, sobre todo, una ligereza… Eso es fruto de la ignorancia. No se lee. Por eso hay que luchar. Y esa es nuestra lucha: la lucha de la cultura. Sobre todo en un país que tiene una poderosa cultura, mal entendida, mal estudiada. ¿Y por qué ha sido tan mal entendida la cultura en España? Quizá porque la escuela no ha sido suficientemente fecunda. Yo tengo la experiencia de mi maestro, en la escuela pública de Vicálvaro; nos hacía leer un par de veces por semana el Quijote. No lo olvidaré en mi vida. Imagínese lo que significa, para niñitos de 9 años, dejarse sugerir por Cervantes. Eso era fruto de libertad, era creación de libertad. ¿Cómo debemos mirar el mundo actual para poder llegar a entenderlo? Pues mirarlo fuera de la costra que muchos medios tejen sobre ese mundo. Intentar ver, descubrir, leer, debajo de esa capa. Soñar un poco más con qué es la convivencia. La política, por cierto, es la entrega a los otros. Fíjese si es impresionante, que en la Grecia clásica se pensó si los políticos podían llegar a ser felices, porque su vida es entregarse a los demás. Fíjese qué sueño. Desde luego, teniendo en cuenta lo que vemos ahora. Los políticos no deben tener nada. Todo su ser es darse. Eso está dicho hace veinticuatro siglos. Entonces, esa mirada generosa en busca de la justicia, de la belleza, de la bondad, de la verdad, es la lucha del político. Lo que pasa es que el político, muchas veces, ese fruto de intereses de los codiciosos que los manipulan.
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