Joaquín Aurioles

DIARIO DE SEVILLA
Si hay algo que no cambia, que es común a todos los partidos, en todas partes y en todas las campañas electorales es, precisamente, la apuesta por el cambio que todos dicen representar. Incluso las opciones más continuistas defienden estrategias que presentan cargadas de iniciativas novedosas y de procedimientos renovados, sin duda como reflejo de que los problemas reales también cambian y exigen respuestas concretas, pero seguramente también porque consideran que es lo que los electores esperan de cada nuevo ciclo político. En las elecciones al Parlamento de Andalucía han existido tres grandes bloques de propuestas que han sido comunes a todos, o a la mayoría, de los partidos. Nuevas recetas para luchar contra la corrupción; propuestas para blindar el bienestar y los servicios públicos fundamentales, en especial la sanidad, la educación y la asistencia social, de los rigores presupuestarios de la crisis; y, por último, nuevas fórmulas para el impulso del crecimiento y la recuperación del empleo, pero con el ingrediente novedosos de reducir al mínimo el coste de la desigualdad. Han sido, salvo cuestiones puntuales (reformas estructurales pendientes, cambios en la fiscalidad…), los tres grandes temas de la campaña. Cada uno de ellos lo suficientemente general como para que las recetas difieran significativamente tanto en ingredientes como en composición y, por tanto, también propicios para el característico, por hosco y desabrido, debate electoral. No creo que las contiendas electorales, especialmente cuando son tan enconadas como la andaluza, contribuyan a restituir la credibilidad de los partidos políticos ni su prestigio como institución vertebral de la democracia, sobre todo porque para el ciudadano alejado de sus estructuras siempre quedará un resquicio para la desconfianza ante la persistencia de los problemas y la aparente abundancia de recetas para acabar con ellos. Con un calendario electoral tan cargado, el final de la primera contienda no garantiza el inicio del trabajo en temas concretos. Habrá que esperar a que se acabe el año para que algunas cuestiones clave, como el nuevo modelo de financiación autonómica o algunas propuestas de reformas de la Constitución, comiencen a discutirse, pero sí que cabe esperar que en Andalucía se comience a trabajar en las cosas pequeñas. En esas que no aparecen en los grandes debates electorales, pero que son las que verdaderamente terminan influyendo en el bienestar de los ciudadanos. Son muchas, así que por hoy nos limitaremos a las que afectan sector público regional y, en este sentido, los andaluces deberíamos comenzar a notar el compromiso de mayor transparencia; la racionalización de su actividad, incluyendo la progresiva desactivación de la administración paralela desarrollada en los últimos años; y la descontaminación política de las instituciones civiles y de control y fiscalización de su funcionamiento. Todo ello como consecuencia de su forzosa adaptación a las crisis en las finanzas públicas y en la solidaridad, que han terminado por convertir en insostenible el modelo de bienestar levantado con las ayudas europeas al desarrollo regional.
Joaquín Aurioles
DIARIO DE SEVILLA
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