Editorial
EXPANSIÓN

El sector inmobiliario acumula en 2015 un nada desdeñable número de buenas noticias que apuntalan las señales positivas que venía emitiendo el mercado. Hay varios indicadores que corroboran esta clara tendencia a la estabilización. En primer lugar, el mercado residencial se mueve, tras un septenio de derrumbe continuado. El incremento del 17% de la compraventa de viviendas en junio, por décimo mes consecutivo, sumado al aumento de las hipotecas y a los primeros incrementos del precio medio de los pisos, ha conseguido poner de acuerdo a los analistas en la idea inequívoca de que la recuperación del malhadado ladrillo toma cuerpo. Además, la inversión inmobiliaria en activos no residenciales se encuentra en 2015 en niveles de récord. La apuesta por España de fondos internacionales y las compras de las Socimis durante la primera mitad del año han calentado el mercado. De hecho, las grandes Socimis han ampliado capital para poder seguir comprando, lo que resulta un indicador adelantado positivo para el sector. Sin duda, la decisión del Gobierno de mejorar la fiscalidad de estas sociedades de inversión se ha demostrado acertada, ya que se han convertido en la punta de lanza de la recuperación inmobiliaria: han invertido casi 5.000 millones.

La aceleración del crecimiento de la economía española aventura una mayor expansión del mercado inmobiliario en los próximos meses, si bien las incertidumbres generadas por el escenario electoral podrían actuar de inoportuno freno. No en vano, los fondos de inversión alertan de que las dudas ante los comicios generales de noviembre podrían acarrear la postergación o incluso paralización de multitud de operaciones. Además, el giro radical en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona, principales plazas de inversión para los fondos extranjeros, tampoco ayuda a los proyectos de futuro. Ni siquiera a los que ya estaban en trámite.

En todo caso, saludamos los primeros síntomas de recuperación del sector, que son vitales para la economía española si se mantienen en los límites de la sensatez y no se repiten los errores del pasado. La herida inmobiliaria tardará en terminar de cicatrizar por la enorme pérdida de tejido productivo y mano de obra, pero el cambio de tendencia es incuestionable.