MÁLAGA HOY
Juan Pablo Durán, sancionado por Cajasur, nuevo presidente del Parlamento

El Parlamento pentacolor se estrenó en gris. Y con truenos. Si el primer día de legislatura pronosticase los próximos cuatro años, se podría decir que este décimo mandato en la Junta será revuelto, complicado y bronco. El portavoz del PP, Carlos Rojas, mantuvo un sonoro enfrentamiento verbal con quien ejerció ayer de presidente de la Mesa de edad, el socialista Luis Pizarro, al que advirtió que podía estar incurriendo «en un ilícito legal perseguible penalmente». «No le voy a dar la palabra», repitió insistentemente Pizarro. «Señor Rojas, no tiene la palabra.» «Señor Rojas, no voy a darle la palabra.» «Señor Rojas…». Y así durante cerca de diez largos minutos en los que Pizarro advertía y advertía sin saber que bastaba con apretar un botón para dejar al portavoz insonoro, y Rojas que hablaba y hablaba sin que nadie le cortase la palabra. Ni el presidente ni la prudencia. La protesta del PP se debió a que el Grupo popular se había quedado con un solo representante en la Mesa del Parlamento, uno entre siete personas. Tres son para el PSOE, y los cuatro restantes se reparten entre cada uno de los cuatro partidos de la oposición.

Un inicio tenso que pone de relieve que el PP, con 33 escaños y cuya abstención pudiera ser esencial para la investidura de la presidenta Susana Díaz, se ha quedado aislado como uno más en la oposición después de no haber alcanzado un acuerdo con el PSOE y tras haber intentado que el presidente del Parlamento fuese de IU. Hasta última hora del miércoles, un parlamentario de Podemos, Juan Ignacio Moreno, ofreció a IU que encabezase una lista para ser apoyada por su grupo y por el PP, según han relatado a este medio fuentes populares y de la federación de izquierdas. Ninguna legislatura se había estrenado con una bronca inaugural, a la que se llegó a sumarse la diputada popular Patricia del Pozo «como principal afectada».

De los siete miembros de la Mesa, tres son socialistas y el resto corresponde al PP, Podemos, Ciudadanos e IU. El socialista Juan Pablo Durán se convirtió en el nuevo presidente de la Mesa para asombro de muchos, incluidos varios compañeros de grupo. Durán, secretario general del PSOE en Córdoba, carece de experiencia para un cargo que necesita, al menos en esta legislatura y como demostró el día de ayer, de conocimientos jurídicos y de maneras para la negociación. El nuevo presidente de la Cámara andaluza es un cargo intermedio socialista, sin éxito electoral en Córdoba y que fue sancionado por el Banco de España con 64.000 euros por formar parte del consejo de administración de Cajasur que llevó a la entidad a la ruina. Pero el PSOE ha optado por colocar en la Mesa a cargos muy cercanos a la presidenta Susana Díaz. Así, la vicepresidenta primera es Teresa Jiménez, secretaria provincial del PSOE en Granada, la única con experiencia en este tipo de dirección. En la anterior legislatura también ocupó uno de estos puestos. Verónica Pérez, secretaria general del PSOE en Sevilla, será la secretaria primera del Parlamento. La vicepresidenta del PP es la malagueña Esperanza Oña. Y el tercero, el parlamentario de Podemos Juan Ignacio Moreno Yagüe. José Antonio Castro, de IU, y Julio Díaz, de Ciudadanos, terminan de completar la Mesa con los puestos de secretario. La obligación legal de que todos los grupos políticos estén representados en la dirección de la Cámara ha dejado al PP con un solo sillón. Son siete miembros y hay hasta cinco grupos. Los populares entendían que por un criterio de proporcionalidad -cuentan con 33 escaños- le correspondía dos sillones, pero no accedieron al pacto que les había propuesto el PSOE en las horas previas: o la vicepresidencia primera o esperar a una ampliación de la Mesa de la Cámara mediante la incorporación de un vocal. El PSOE propuso que el vocal fuese popular, pero el PP entendía que, en cualquier caso, ese nuevo miembro debía de ser de IU, el partido más votado. Hasta la tarde del miércoles, un grupo de parlamentarios de Podemos y el PP intentaron que la Presidencia de la Cámara fuese para IU, pero finalmente este grupo no se prestó a esta estrategia. «Incomprensiblemente, ha sido IU quien no se ha atrevido», explicó a este medio un dirigente de Podemos. El líder de IU, Antonio Maíllo, defendió desde el principio que el presidente del Parlamento no fuese socialista e intentó un acuerdo de todos los partidos; lo que no quiso suscribir fue una maniobra de última hora diseñada en la oscuridad. Ni populares ni Podemos dieron un paso más ante las reticencias de la federación de izquierdas. Carlos Rojas mantuvo que Luis Pizarro, como presidente coyuntural de una Mesa de edad, no podía dar por buena la distribución de los miembros en la dirección, y ahora plantearán acciones legales contra la decisión del Parlamento. El resto de la oposición permaneció al margen de la polémica entre los dos partidos.

El PP recurrirá al Tribunal Constitucional. Después de esta accidentada sesión, el PP queda como un partido herido. Es el principal grupo de la oposición, pero no tiene esa consideración en la Mesa, y quizás esto se revele como un problema para los populares pero también para el propio PSOE. Varios parlamentarios populares expresaron a este medio que si alguien había pensado en abstenerse en una de las votaciones de Susana Díaz, su representación en la Mesa aleja esta posibilidad. En el plazo de 15 días, Juan Pablo Durán, tras consultar con los grupos, debe convocar el pleno de investidura de Susana Díaz. En una primera votación, la candidata necesita la mayoría de los votos para ser elegida presidenta. Si no es así, a las 48 horas se celebrarán otra votación en la que sólo hará falta la mayoría simple. Si Ciudadanos, PP, IU y Podemos mantienen su anunciado no, Díaz no será investida y necesitará de otras votaciones. Al PSOE le vale una abstención del PP, de Podemos o el sí de los 11 parlamentarios de Ciudadanos, pero las posturas parecen inamovibles.

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