La cuantía de las ayudas universitarias baja 466 euros de media desde 2010, un 18% menos

Cada vez son más pero disponen de mucho menos. El número de becarios de las universidades españolas se ha disparado un 20% en los últimos cuatro cursos hasta 317.000 personas, pero la ayuda media que reciben para vivir cada año, aparte de la matrícula gratuita, cae en picado. La cuantía se ha reducido 466 euros hasta quedar en 2.063 por estudiante y año, con un descenso medio del 18%.

Los responsables del Ministerio de Educación reiteran en cada comparecencia pública que hay más beneficiarios que nunca de las ayudas estatales. “La tasa de becarios en proporción al conjunto de estudiantes matriculados ha subido sensiblemente”, subrayó el ministro José Ignacio Wert en la última Comisión de Educación en el Congreso celebrada el pasado 17 de diciembre.

Los datos oficiales sobre la evolución de las becas de su departamento, a los que ha tenido acceso EL PAÍS, dan detalles de las distintas realidades que quedan detrás de ese incremento de nuevos becarios favorecido, sustancialmente, por la crisis económica. Los beneficiarios que más suben son aquellos que solo reciben el pago de las tasas, a los que las ayudas les cubren la matrícula universitaria pero no las necesidades de alojamiento, material, desplazamiento… Si cuatro cursos atrás los de la matrícula gratuita representaban apenas el 11% del total (algo más de 30.000 personas), en 2013-2014 la cifra casi se ha doblado hasta superar los 58.000 universitarios, casi un 20% de todos los que obtuvieron ayuda.

El descenso de las ayudas medias que reciben los estudiantes queda lejos también de la última recomendación del Consejo Escolar del Estado. Este organismo —del que forman parte la Administración, las familias, la patronal, los sindicatos o los empresarios, entre otros— recomendaba al Gobierno en su último dictamen sobre becas, emitido en abril, que aumentaran las cuantías para mantener el poder adquisitivo “al entender que las becas son prestaciones sociales básicas, esenciales para las economías de muchas familias”.

El sistema de reparto sufrió un cambio radical en 2012 al tiempo que las tasas universitarias se incrementaron de forma sustancial. El Gobierno modificó los criterios para obtener una beca añadiendo criterios académicos además de los económicos, que suponen principalmente alcanzar una nota mínima de 5,5 para optar a la matrícula gratuita y obtener al menos un 6,5 en el expediente para optar a la ayuda general. Incluyó un baremo que tiene una parte de ayuda fija y otra variable, que depende del número de demandantes y del presupuesto. La cantidad máxima que recibiría un estudiante ronda los 4.000 euros.

La oposición, los rectores universitarios y las asociaciones de estudiantes han reclamado insistentemente al Gobierno que elimine estos requisitos académicos específicos para la obtención de una beca. Dado que todo el sistema público universitario está subvencionado —cualquier estudiante paga en torno a un 20% del coste real de su plaza—, consideran que aumentar las dificultades a quienes menos recursos tienen atenta contra la igualdad de oportunidades.

“El cambio de modelo ha perjudicado, sobre todo, a aquellos con menos capacidad económica. Es cierto que ahora hay más becarios, pero se deberían concentrar los recursos públicos en quienes verdaderamente lo necesitan en lugar de repartir cantidades más pequeñas”, según el experto en financiación universitaria José Antonio Hernández Armenteros, muy crítico con el nuevo modelo.

El presupuesto general para todas las becas educativas ha caído en 275 millones en los dos últimos cursos hasta 1.472 millones, según los datos presentados por Educación en septiembre. El ministerio destacó entonces que “el anterior sistema de becas [el de las ayudas fijas sin el reparto de una cantidad variable que aplica ahora el ministerio] era insostenible porque sistemáticamente se gastaba una cantidad notablemente superior a la presupuestada”. El equipo de Wert asegura que, en los últimos años del anterior Gobierno socialista, se generó una deuda de 1.000 millones de euros en ayudas que el PSOE niega.

Educación añade que su modelo ha mejorado las calificaciones de los estudiantes. Wert indicó en la última comisión que la nota media había pasado de 6,8 a 7,4 en un curso. “Las becas no están para mejorar el rendimiento académico sino para suplir problemas económicos”, replica Hernández Armenteros. El profesor de la Universidad de Jaén sugiere que, si la intención es mejorar el rendimiento, se pueden emplear las normas de permanencia y progreso que existen en todos los campus y afectan a todos los estudiantes. Estas normas incluyen básicamente un número mínimo de créditos a aprobar y un plazo máximo de tiempo para hacerlo. Unos 30.000 alumnos son expulsados cada año de sus carreras por bajo rendimiento, según las estimaciones de expertos.

EL PAÍS