Los presidentes de Telefónica, César Alierta; Repsol, Antonio Brufau, y Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, coincidieron ayer tarde en unas jornadas celebradas en el Casino de Madrid, en pedir a los principales partidos políticos que alcancen pactos en materias que consideran imprescindibles, como la educación, la energía y la digitalización de la economía, además de avanzar en las reformas ya iniciadas.

En un acto en el que se celebraban los 25 años de la multinacional ATKearney en España, con el título Competitividad y crecimiento, los tres empresarios también coincidieron en desdramatizar el ascenso del nuevo partido Podemos, y en confiar en el sentido común de los españoles ante los posibles cambios que se avecinan en la política española.

“Hemos visto dos programas económicos, uno más bolivariano y otro más nórdico”, criticó Brufau al contestar a una pregunta sobre la formación que encabeza Pablo Iglesias, con la intención de destacar las distintas propuestas que el grupo ha ido haciendo públicas. “Si se elige a Podemos, ya espabilaremos [las empresas] para convencerles de que el mundo funciona en unas áreas mejor que en otras”, insistió Brufau.

En este punto, Alierta se mostró taxativo, queriendo también enfatizar su punto de vista sobre Podemos: “Es evidente por qué funcionan Estados Unidos y Alemania y no funciona Italia”. Por su parte, Goirigolzarri manifestó: “Hay que saber distinguir entre lo que se dice y lo que se hace”.

Pero donde pusieron el acento los presidentes de las tres empresas fue en la necesidad de alcanzar pactos y de profundizar en las reformas que, a juicio de Alierta, tienen que ser continuas: “Para sobrevivir hay que transformarse”.

Para alcanzar dichos pactos, Brufau pidió “generosidad para entender la posición del otro; siempre hay que intentar entenderse, porque el pacto no es malo para nadie y es bueno para todos”. Mientras, el responsable de Bankia pidió impulsar la unión bancaria: “España tiene un esquema de financiación demasiado dependiente de la banca; es bueno, reducir la desintermediación”. Además, puso dos deberes: realismo y ambición. Para el presidente de Bankia, “ante la competitividad, el realismo nos debe ayudar a huir de las soluciones fáciles y la ambición conduce a tomar posiciones en el mercado global”.

El presidente de Telefónica, quien colocó la energía como primer problema, destacó la dificultad que existe en materia educativa y en involucrar a las universidades con las empresas. En este punto, el primer ejecutivo de Repsol insistió: “Debe haber diálogo fluido entre universidad y empresa”. Y a continuación pidió que la industria tenga voz en Europa. “Me gustaría que los políticos europeos tuviesen como una prioridad a la industria y que haya una conexión más fuerte con las tecnologías digitales”, subrayó Brufau, quien añadió que no se puede olvidar que hay que mirar el marco europeo.

Para el presidente de Bankia también la digitalización forma parte de los deberes que se deben abordar de forma prioritaria. Según su apreciación, “los cambios son complejos y los resultados se recogen a medio y largo plazo, pero pocos proyectos pueden tener el apoyo que se le debe dar a la educación, que no es solo para los jóvenes”. “Vivimos en un mundo con una velocidad de cambio extraordinaria que va modificando continuamente las actitudes”, remató Goirigolzarri.

Como colofón del debate sobre los pactos que los empresarios piden a los grandes partidos, Brufau subrayó: “Las demandas de la sociedad las pasamos por alto, cuando lo que hay que hacer es prepararse mucho para responder con realismo y liderazgo a las mismas”.

El presidente de Repsol destacó después la estabilidad política y dijo que se alcanza “más con un bipartidismo que sin él”. No obstante, añadió que “dejaría a la sociedad que opine, porque va a opinar lo mejor”.

Goirigolzarri también cree que los que tienen que opinar son los españoles y que él confía en su sentido común. No obstante, a su entender, “no es cuestión de bipartidismo o no, sino de unos principios en los que estamos de acuerdo”.

Alierta, mientras, se refirió a que el crecimiento en la democracia ha creado una economía como en Suecia y Holanda.

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