Gumersindo Ruiz
DIARIO DE SEVILLA

El “milagro del Ave Fénix” es una observación que dice que la economía puede recuperarse de una crisis sin necesidad de un crecimiento similar del crédito. En realidad surge de una comparación errónea entre el producto de la economía, que es un flujo, y el volumen de crédito, que es un stock. Pero si se compara cómo crece la economía, concretamente la inversión y la demanda, con la evolución del crédito nuevo, entonces se comprueba que ambos tienen que recuperarse simultáneamente.

Si vemos las tasas de variación del crédito a particulares y empresas en España, actualmente están en negativo, con una caída anual del 4,6%, que se va reduciendo a medida que pasan los meses; es algo que se da tanto en el crédito al consumo, para la compra de vivienda, como para las empresas. Esta evolución no se corresponde con la de crecimiento del producto, lo que en una observación superficial permite decir que se crece sin crédito. Sin embargo, la aparente falta de crédito es el resultado de restar al stock de crédito las amortizaciones que se producen y sumarle los créditos nuevos; el resultado es negativo, porque se está reduciendo la deuda de familias y empresas más que la demanda y concesión de nuevos préstamos.

Pero hay, sin duda, un flujo de crédito que permite que la economía funcione. El crédito nuevo a los hogares sube en 2015 un 27%, y a las empresas, grandes, medianas y pequeñas, un 15%. Hay que tener en cuenta que el crédito a las empresas ha estado cayendo fuertemente durante seis años (de 2008 a 2013) y a los particulares desde un año más, pues las familias restringieron inmediatamente su demanda ante el tenebroso panorama que presentaba la crisis. En Andalucía el crecimiento del crédito a familias y empresas fue muy superior a la media española entre 2001 y 2005, con tasas entre el 15 y más del 30% anuales; sin embargo, las caídas, aunque algo superiores, no son muy diferentes a las medias del país. Aun así, Andalucía que representa el 18% de la población, tiene un peso en el total del crédito nacional del 12%, que se distribuye bastante proporcionalmente entre las provincias, en relación al peso de su producto.

Tres ideas pueden destacarse a partir de estos datos. Una, que las entidades financieras están en buena situación en cuanto a liquidez, costes de financiación y capitalización, para financiar la economía, y así lo manifiestan a los reguladores y supervisores. Otra, que también detectan un retraimiento de la demanda de crédito; pero con los actuales bajísimos tipos de interés medios de las hipotecas, las familias tienen más recursos para el consumo y pueden demandar crédito para bienes duraderos; también las empresas, al mejorar el consumo, tienen mejor disposición hacia la inversión financiada.

Y en tercer lugar, por analogía, quedan en entredicho presuntos milagros de la economía, como cuando se decía que crecería más el empleo que el producto, sólo para comprobar que es al revés; miremos el stock de población y los flujos de empleo y paro para descubrir otro falso ave fénix de la recuperación de la economía.