David López
HUELVA INFORMACIÓN

Durante la segunda mitad de 2014 y los primeros meses de 2015, la economía española ha comenzado a crecer. Es el momento de apostar por un modelo productivo diferente, basado en actividades de alto valor añadido, de lo contrario España volverá a crecer sobre pilares débiles que, ante cualquier contingencia, se derrumbarán.

Andalucía ha sido una de las comunidades más afectadas por la crisis durante los últimos años. No es casualidad. El PIB industrial de Andalucía equivale a un 12% de su PIB total, siendo éste uno de los valores más bajos de toda Europa, e inferior al 16% del conjunto de España. Durante el periodo 2008-2009 la industria andaluza cayó más del 15%, y aunque se recuperó parcialmente en 2010, ha permanecido prácticamente estancada desde entonces.

Hay varias características de la industria actual andaluza que la distinguen: por un lado, el gran peso de la industria agroalimentaria frente a otras industrias de mayor valor añadido, la heterogeneidad geográfica de zonas industriales y la variabilidad en el nivel de implantación de tecnología e innovación según el tipo de industria.

Por otra parte, el desarrollo industrial se concentra principalmente en Sevilla, Cádiz y Huelva, dada su localización estratégica y la existencia de zonas portuarias. Más allá de este eje, en Málaga se está apostando por recuperar la industria de las telecomunicaciones y el material electrónico. Sin embargo, en el resto de provincias, el peso de la industria en la economía, es menor, y se reduce a actividades muy localizadas.

Por último, y en relación con el grado de implantación de una cultura del trabajo basada en el valor para el cliente apoyada en tecnología y herramientas avanzadas de organización industrial, como lean manufacturing y 6-Sigma, encontramos dos velocidades; en el sector aeronáutico se está en disposición de implantar tecnologías de fabricación avanzada y las más innovadoras tecnologías de información, mientras que en otros sectores deben construir la base en tiempo record para recuperar la distancia perdida y afrontar con garantías una etapa de reindustrialización en Europa.

Para construir un futuro sólido en la industria en España y en Andalucía, es necesario actuar en varios aspectos. En primer lugar, hay que implantar políticas de atracción de inversión productiva de alto valor añadido, y contenido tecnológico, generadoras de empleo estable, y basadas en el conocimiento. Esto implica apostar con mayor fuerza por sectores como el aeronáutico, el naval o el material electrónico, y transformar la industria agroalimentaria hacia productos innovadores y procesos más eficientes.En segundo término, es capital alinear las políticas educativas con la realidad de la demanda de empleo del mercado y sus necesidades.

Finalmente, es necesario definir un modelo de fábrica del futuro con visión a largo plazo. Este modelo consiste en la perfecta integración entre las nuevas tecnologías de fabricación, las tecnologías disruptivas de la información y el conocimiento a todos los niveles, todo ello dentro de un entorno habitable, sostenible, y en armonía con el medio ambiente. Por otra parte será reconfigurable física y organizativamente como un organismo vivo que se adapta constantemente al cambio.

Las nuevas tecnologías de fabricación permitirán automatizar un gran número de tareas actualmente realizadas por las personas. Además, las tecnologías de la información facilitarán la toma de decisiones y proporcionarán información a tiempo real para el conocimiento profundo de los procesos y su modelización. El papel de las personas en la fábrica del futuro será el de comprender toda la información que proporcionarán los sistemas, y utilizar ese conocimiento para innovar de forma ininterrumpida en procesos y en productos. Los operarios serán ingenieros de su proceso, y los ingenieros serán verdaderos expertos tecnológicos, conocedores de los fundamentos físicos que gobiernan los procesos de producción. Así, para hacer realidad este escenario de mañana, la oferta formativa en universidades y centros de enseñanza deberá transformarse desde hoy.

Ahora cabe preguntarse qué empresas de Andalucía están en disposición de iniciar el camino hacia la fábrica del futuro. La respuesta es clara: sólo aquéllas que desde la primera década del siglo XXI se preocuparon por revisar con espíritu crítico sus procesos y productos desde el punto de vista de la aportación del valor, e implantaron con éxito modelos eficientes de producción y estrategias de innovación. El resto deberán esprintar para recorrer en un breve lapso de tiempo lo que otros han recorrido en años.