Editorial
DIARIO DE SEVILLA

A nadie se le escapa que las elecciones que se celebrarán el próximo 27 de septiembre en Cataluña, cuya campaña arrancó anoche, son mucho más que unos comicios autonómicos en los que, simplemente, se dirime quién gobernará esta comunidad durante los próximo cuatro años. Aunque durante mucho tiempo el Gobierno de España y otros políticos de todo el espectro ideológico se han aferrado a la ley para quitarle cualquier sentido plebiscitario a estas votaciones, lo cierto es que dentro de tres domingos todos dividiremos el voto en dos bloques y los pondremos en una balanza. Es de vital importancia para España y Andalucía que el que más pese sea el que se opone a la independencia. Lo contrario nos llevaría a importantes dolores de cabeza.

Sin embargo, la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicada ayer advierte que, aunque por poco margen, la suma de las dos formaciones que apoyan sin ambigüedades la independencia de Cataluña, Junts pel Sí y la CUP, consiguen la mayoría absoluta. Cierto es que la causa soberanista llegó hace tiempo al máximo de su capacidad movilizadora y que es más que posible la movilización de un voto oculto no nacionalista que rompa esta tendencia, pero también lo es que este supuesto bloque no tiene ni mucho menos la unidad de criterio que el independentista y que, algunos de sus miembros, han llegado a coquetear descaradamente con las posturas soberanistas. Es decir, más que un bloque es un cajón de sastre en el que está todo aquel que no abraza con fervor el independentismo, desde los españolistas sin complejos del PP y C’s hasta los defensores de la pluralidad nacional hispánica de Podemos, pasando por el federalismo cada vez más acentuado del PSC.

Así las cosas, la campaña electoral que ayer comenzó va ser muy importante y de ella dependerá no sólo el futuro de Cataluña en los próximos cuatro años, sino el de España como nación tal como la hemos conocido hasta ahora y, por tanto, el de Andalucía como comunidad autónoma en un Estado donde impera la igualdad y la solidaridad.

Aunque se juega mucho en estos comicios, a Andalucía, como al resto de autonomías, sólo le queda el papel de mero observador. Eso sí, justo un día después, el 28 de septiembre, podrá y deberá tener un papel muy activo (una vez más) en garantizar la igualdad entre todos los españoles en unos momentos en los que, detrás de palabras como «identidad nacional», «asimetría» o «diferencias históricas» ya se empieza a preparar por parte de algunos un Estado con privilegiados y discriminados.