Examinando trabajos de fin de grado realizados por alumnos de Economía, me ha sorprendido el elevadísimo nivel de algunos de ellos. Conociendo lo que se publica, podrían figurar, y no es exageración, en revistas técnicas de primer nivel internacional, pues se presentaban además en un inglés perfecto. Hay varias reflexiones que pueden hacerse a partir de este hecho. Una es que los alumnos y los profesores que han tutelado estos trabajos están en una universidad pública que no figura en lugar destacado en los rankings habituales, lo que indica que algo falla en la promoción y valoración de algunos de nuestros centros universitarios, agobiados por una absurda carga docente, la no renovación y precariedad de sus profesores, mala selección de los alumnos, y en el fondo una falta de interés alarmante no sólo de las administraciones públicas, sino de las empresas.

La segunda es sobre el tipo de trabajos que se realiza; de diez que he visto siete son de nivel y sobre cuestiones que deberían producir de inmediato una reacción en forma de apoyo, de inversión, en estas investigaciones. Sólo por enumerarlos, hay tres que arrojan luz mediante un aparato técnico estadístico sofisticado sobre cuestiones del máximos interés para algunas de nuestras instituciones; son los trabajos de María Victoria Códez sobre los efectos de la corrupción en los resultados electorales, que se complementa con el de Diego Malo sobre la influencia de los sistemas electorales en el nivel de corrupción, y el de Lucía Guerrero sobre cómo cambian y se posicionan los partidos políticos ante la evolución de la economía. Una conclusión es que las listas cerradas son una forma en que se elude la responsabilidad personal, y las conductas acaban protegiéndose dentro de la abstracción de “el partido”. Podemos añadir a esta línea el extraordinario trabajo de Luis Herrera sobre la deuda pública, y los motivos de un gobierno para aumentarla, satisfacer al electorado y ganar votos, que es algo que estamos viviendo actualmente en España.

Pero también hay el análisis matemático de Jose María Ogáyar sobre un tema tan inmediato como la distribución de las bicicletas municipales, y el uso óptimo de las mismas, la ocupación, el abastecimiento, y la ubicación de las estaciones, que podría extenderse a otros ámbitos de nuestra vida cotidiana que no se gestionan de manera eficiente. He comprobado que en otros centros de Economía de España se hacen también trabajos de altísima calidad, que suelen quedar en las memorias de los ordenadores como especímenes antiguos en los gabinetes de curiosidades. La tentación de sacar conclusiones de estos hechos es fuerte, pero quizás sea preferible que cada uno piense qué resulta de tanto esfuerzo, tanto conocimiento, y qué futuro tienen esos jóvenes investigadores. Lo que sí puede decirse sin duda es que ese discurso que oímos día sí y día no sobre la reforma de los mercados laborales, las condiciones de trabajo, los salarios, la productividad, supone un sesgo intelectual, ideológico, cuando comprobamos que tenemos el conocimiento, pero quienes tienen la responsabilidad política y económica no lo aprovechan.
DIARIO DE SEVILLA
Gumersindo Ruiz