El volumen crece 11.200 millones en un mes y supera los 22.500 millones. Iberdrola y REE tienen bonos en rojo a un plazo de casi cuatro años

«El mundo se está quedando sin bonos que sirvan como refugio y que coticen en positivo». La frase es de Bank of America Merrill Lynch y cada día que pasa es más cierta. La incertidumbre global y las políticas monetarias ultralaxas de los bancos centrales han convertido lo extraordinario en cotidiano. La heterodoxia financiera se está imponiendo y a más velocidad de la sospechada.

La decisión de Reino Unido de abandonar la Unión Europea ha hecho mucho por impulsar el proceso. Las Bolsas han resistido mejor de lo previsto y el pánico no ha cundido, pero la corriente subterránea de temor ha empujado el dinero más aún a los refugios que se consideran seguros, que crecen en número y en los que ya se incluyen multitud de bonos corporativos. Desde que se conoció el resultado del referéndum hay dos billones de dólares más de deuda cotizando en negativo en el mundo, según los cálculos de Bank of America. En estos momentos, el volumen global supera los 13 billones de dólares.

Pero en algunos sitios el avance está siendo muy superior y España es el mejor ejemplo de ello. Cada vez hay más compañías nacionales con deuda que cotiza a tipos de interés negativos, cada vez es por un importe mayor y cada vez es a un plazo más largo.

En solo un mes (el que media desde la semana anterior al Brexit y este lunes) el volumen de deuda de empresas y bancos españoles en la que los inversores pagan por prestar se ha casi duplicado. La subida es del 99% y supone que 11.200 millones de euros más rentan números rojos para sus dueños. El total asciende ya a 22.500 millones, según las cotizaciones registradas en Bloomberg.

Son 31 emisiones firmadas por 10 entidades distintas. Todas las grandes compañías no financieras y tres de los cuatro mayores bancos están en la lista (Santander, CaixaBank y Bankia). Telefónica la lidera por volumen, con 5.670 millones de euros que están en la lista de los tipos negativos, seguida de Gas Natural, aunque la emisión con menor rentabilidad es de Iberdrola.

Mayores vencimientos

Hace un mes eran seis las compañías y 17 las emisiones en negativo. Y esos no son los únicos números que han cambiado. España está lejos de ser Suiza, donde los inversores están dispuestos a perder dinero en bonos a 30 años vista, pero va avanzando hacia ello. En estos momentos hay cuatro emisiones en negativo que vencen en 2019, dentro de tres años, y otras dos que lo hacen en marzo y en abril, respectivamente, de 2020, lo que significa que los tipos negativos se extienden a un plazo muy cercano a los cuatro años. Red Eléctrica e Iberdrola son las dueñas de esas colocaciones. Abertis, Ferrovial y Enagás también están en la lista, aunque con emisiones a menor plazo.

El pasado más reciente ha hecho mucho por incrementar el fajo de deuda en negativo. No solo el Brexit, sino cada golpe de inestabilidad al mercado provoca una huida de los inversores hacia los activos considerados más seguros. Y ha habido muchos de esos en los últimos días, desde ataques terroristas a intentos de golpes de Estado.

El futuro también está llamado a traer consigo más papeletas para que la deuda ahonde los números rojos en España y en Europa, porque los expertos descuentan más munición desde el banco central comandado por Mario Draghi. «La política monetaria del BCE debe seguir siendo acomodaticia en este entorno incierto. No deben descartarse más recortes en los tipos de interés y más herramientas políticas no convencionales», señala Darcie Sunnerberg, analista de riesgo soberano senior de Loomis Sayles, gestora afiliada a Natixis Global AM.

Eso sí, es posible que haya que esperar a la vuelta del verano. Los expertos de Bank of America creen que la resistencia postBrexit que han mostrado los mercados permite a Draghi actuar con las palabras en la reunión de esta semana y reservar el arsenal de medidas concretas para septiembre. A partir de ahí, las apuestas a que el plan de compra de activos se prolongará más allá de marzo de 2017 se multiplican. ¿La razón? «La necesidad de contener los riesgos para la estabilidad tanto financiera como política en la periferia», concluyen los analistas del banco de inversión estadounidense.

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