El autor critica la situación actual de bloqueo en la que se encuentra la política española actualmente

Más de 1.000 millones por mes. Ése es el coste que acumulamos ya en España por culpa del bloqueo al Gobierno. Cerca de 10.000 millones perdidos hasta el momento por culpa de la incertidumbre; la paralización de la gestión y contratación pública; la inseguridad en la continuidad de contratos; la limitación de nuestro potencial de atracción de inversiones; o la inseguridad legislativa.

Una conclusión tan dura, como de grave impacto internacional. Porque quien ha recogido estos días los cálculos de los que se desprenden esas cifras ha sido el Wall Street Journal, tras un sondeo entre algunos de los principales analistas de la economía española. Expertos que han destacado que la falta de Gobierno y el parón administrativo estarían restando ya cerca de cuatro décimas de crecimiento al año 2016 y otras seis o siete décimas a 2017. Es decir, algo más, de un punto de PIB conjunto entre los dos años.

O, lo que es lo mismo, que si para el PSOE era muy importante recaudar cerca de 5.000 millones extra anuales de las empresas porque, según ellos, se escapan de tributar, resulta que el parón ya ha fulminado un importe equivalente a media legislatura de las medidas que se le ocurrían para subsanar teóricamente ese problema. O que si, tan importante era para Pedro Sánchez realizar una inyección de 10.000 millones en las partidas de educación y dependencia, ya habría tirado a la basura un importe similar por culpa de su obstinación en no permitir una gobernabilidad. Y que si, tan relevante era recuperar la presencia de los sindicatos en las negociaciones salariales, las empresas tendrían ya 10.000 millones de motivos adicionales para decir no a las hipotéticas mejoras de la retribución de sus plantillas.

Porque todo tiene un coste. Y la irresponsabilidad política mucho más. Y porque mientras nuestros políticos siguen pensando que sus subvencionados cargos en los partidos les corresponden a perpetuidad y no con la única justificación del servicio público, los indicadores económicos más avanzados dejan constancia de lo que ocurre: si las ventas de grandes empresas marcaron avances del 5% en 2015, ahora registran subidas más leves del 2,5%; si el consumo de electricidad marcó el año pasado un crecimiento del 1,7%, ahora baja un 0,4%; si el consumo de cemento subía un 5,7%, ahora cae un 2,3%, o si la matriculación de vehículos de carga avanzaba un 35,6% anual, ahora se limita al 14,7%.

Una dura realidad de difícil comprensión para algunos de los políticos implicados en el bloqueo. Especialmente porque para ellos no existe más realidad -especialmente laboral- que la de sus partidos.

Carlos Cuesta

EL MUNDO