El catedrático Francesc de Carreras muestra su pesimismo sobre Cataluña e Ignacio Camacho aboga por una “derrota”

Esta vez le tocó el turno al pesimismo. Ninguno de los dos protagonistas que debatieron ayer sobre Cataluña en el Centro de Debate y Desarrollo (CDD) se mostraron optimistas sobre la crisis catalana. Uno de ellos es Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional en Barcelona y uno de los intelectuales fundadores de Ciudadanos, aquellos pocos que levantaron la voz contra la uniformidad de un solo pueblo que Pujol pintó para Cataluña. “El artículo 155 se impuso tarde y mal; tarde porque ya hubo razones en los debates del 6 al 8 de septiembre en el Parlamento catalán, y mal porque se aprobó para convocar de modo inmediato unas elecciones”. En su opinión, la intervención constitucional de la Generalitat se debía haber tomado tanto tiempo como el que sea necesario para desmontar “la trama golpista”, que es la que investigan los jueces de la Audiencia Nacional, la de Barcelona y el Supremo. Sólo cuando esto estuviera desmontado, habría que convocar las elecciones.

Los comicios llegaron en diciembre y, en efecto, la situación catalana está empantanada, porque los independentistas entienden que la mayoría parlamentaria les legitima para reconducir el procés, aunque paradójicamente hayan renunciado a ello en sus declaraciones ante los jueces.

El otro interviniente fue el periodista sevillano Ignacio Camacho, aún más pesimista. Cree que el modo de aplicar el 155 desaprovechó la “bala de plata” y, sin tapujos, opina que el Estado debe infligir “una derrota melancólica a los independentistas”. “El independentismo está cómodo con el 155, porque controla los cargos y las nóminas; el 155 en realidad no existe, es un secretario de Estado y tres directores generales que se reúnen en la Delegación del Gobierno en Barcelona, no en la sede de la Generalitat”, apuntó quien teme que los secesionistas volverán a intentar en un futuro la independencia si consiguen aumentar su apoyo hasta el 55% del electorado.

Es cierto que Cataluña sigue en España y que la Generalitat sigue intervenida, y eso es gracias al 155, pero el programa que el grupo de Carles Puigdemont intenta pactar con ERC y la CUP es el del mantenimiento del desafío. Habría una vuelta a la legalidad estratégica pero sólo levantar el 155. Las elecciones del 21 de diciembre no han conducido a una normalidad democrática.

Francesc de Carreras mantiene que los líderes independentistas nunca creyeron que la secesión fuese posible, pero sí creían en la estrategia de la independencia para forzar al Estado a una negociación sobre la singularidad económica de Cataluña y una nueva situación casi confederal respecto a España. El día después del referéndum, Carles Puigdemont seguía abierto a una negociación, eso es cierto, aunque especificaba que se trataba de una negociación para marcharse, la famosa e imposible ruptura pactada.

La periodista Lalia González-Santiago dirigió este diálogo que contó con algunas preguntas del público. ¿Solución? “Solución, como tal, yo no la veo, creo que el tiempo de la conllevancia se ha superado”, sostuvo Camacho, el más pesimista de los tres.

De Carreras es uno de los profesores que ha presentado una propuesta de reforma constitucional, pero, como se encargó de subrayar, “esto es necesario, pero no soluciona el problema, no es una reforma para Cataluña porque sería injusto con el resto y sería una traición”.

Diario de Sevilla