Gumersindo Ruiz
DIARIO DE SEVILLA

Hace cien años, por estas fechas, Albert Einstein presentaba su teoría general de la relatividad, que unía la moción de los cuerpos en el espacio con la constancia de la velocidad de la luz independientemente de la velocidad de la fuente o del observador. La idea de la relatividad es de Galileo, quien había establecido que aunque estemos aparentemente quietos en la tierra, nos movemos con ella alrededor del sol, que lo hace en una galaxia, que a su vez se mueve respecto a otras.

El genio de Enstein fue combinar los conocimientos sobre movimientos relativos, velocidad, y luego gravedad y aceleración, transformando la visión del espacio y el tiempo en que vivimos. Hasta entonces, según la geometría de Euclides, la luz viajaba en línea recta, y unas paralelas se prolongaban infinitamente sin encontrarse nunca; después, la luz se curva al pasar cerca de un cuerpo celeste de gran tamaño, y dos paralelas pueden coincidir. John Maynard Keynes conoció a Einstein en una conferencia en Berlín, y sintió que el erróneo planteamiento en las ciencias podía trasladarse a la forma en que se enfocaba la economía, convertida en un mundo lineal de falsa armonía y equilibrios. Todavía hoy el pensamiento corriente está lleno de estas supersticiones: bajamos los salarios y aumenta el empleo; la caída de los precios reequilibra el mercado inmobiliario; se da liquidez por los bancos centrales y aumenta el crédito y también la inflación; los beneficios de las empresas van por lógica a inversiones productivas. Y aparecen fenómenos como, por ejemplo, intereses negativos, que eran una imposibilidad lógica hasta que los hemos visto.

La reacción, tal como nos recuerda James Galbraith, sigue siendo la que describió Keynes, inspirado por Einstein: «Los teóricos clásicos se parecen a los geómetras de Euclides, en un mundo no euclidiano, cuando descubren que líneas aparentemente paralelas se unen; lo que hacen entonces es rechazar a esas líneas por no mantenerse derechas… En realidad no hay otro remedio que rechazar el axioma de las paralelas y trabajar con otra geometría. Algo similar se requiere en economía». El mercado, con sus coordenadas de oferta y demanda que supuestamente ajustan los datos, o la no consideración de la sociedad como algo diferente a la suma de los comportamientos de los individuos, estaban presentes en el pensamiento de Keynes, que también buscaba una teoría general. Algunas personas están preocupadas por la situación relativa de Andalucía, que crece y se transforma dentro de un mundo que cambia, y proponen medidas económicas; pero dentro de cada región o país la gente ya se mueve, y sus movimientos pueden resultar insignificantes en relación con los externos.

La teoría de la relatividad no es un relativismo, pues aunque cada observador tenga su percepción, todos están sujetos a las mismas reglas físicas. En economía tampoco hay relativismo, sino principios, que en este caso son de comportamiento social, y por tanto éticos y morales. Si supiéramos analizar las fuerzas económicas como hoy se comprende la fuerza gravitacional, seríamos verdaderamente sabios y la revolución en la economía sería una revolución como la de Einstein.