José Antonio Carrizosa
DIARIO DE SEVILLA

El problema de la educación en España no se arregla impidiendo por ley las clases de religión en los colegios, ni siquiera reteniendo contra su voluntad en las aulas a personas a punto de cumplir los 18 años y que prefieren orientar sus vidas por otros derroteros. No se arreglará hasta los políticos que firman en el BOE y en los boletines de las comunidades autónomas no tomen conciencia de que estamos ante un sistema ineficaz y falto de calidad. Lo dicen los informes PISA o el lugar que ocupan las universidades españolas en los rankings. También, los niveles de competencia matemática o de comprensión lectora de nuestros estudiantes en comparación con los de los países más desarrollados. O el hecho de que adquirir un nivel de inglés suficiente para competir en un mundo globalizado y con un altísimo nivel de exigencia sólo esté al alcance de quien pueda pagarlo. No conozco a ningún padre que ponga el principal empeño con respecto a la educación de sus hijos en que se den o dejen de darse clase de religión. Pero he tenido decenas de conversaciones con padres alarmados por la preparación que se da en el sistema público y que saben que tendrán que gastarse lo que no tienen en estancia en el extranjero o en costosos posgrados privados para que puedan tener oportunidades en el cada vez más difícil mundo laboral.

Si tenemos un problema con nuestra enseñanza no es porque haya caído sobre nosotros una maldición bíblica. Lo tenemos porque gobiernos ineficaces han sido incapaces de abordar desde la seriedad que requiere uno de las principales carencias del país. La proliferación de planes poco efectivos y contradictorios, la desmotivación del profesorado y una especie de miedo atávico a la exigencia y la responsabilidad para los alumnos pusieron las cosas donde hoy están. Si el próximo 20 de diciembre el PP no logra renovar su mayoría la ley que ha impulsado durante este mandato, tan poco convincente como las anteriores, quedará derogada y vuelta a empezar. Sin un pacto de Estado que garantice la estabilidad y el perfeccionamiento del sistema durante un largo periodo de tiempo estamos condenados a repetir los mismos errores.

No ha estado fino Pedro Sánchez cuando ha centrado su programa educativo en la supresión de las clases de religión. El candidato socialista ha actuado con preocupante cortedad de miras. Si así piensa que va a ayudar a centrar la imagen de su partido, lo lleva claro. A estas alturas debería saber dónde y cómo se ganan las elecciones.