Rogelio Velasco

MÁLAGA HOY
Una de las consecuencias más negativas de los años del boom económico de la década pasada ha sido la muy elevada tasa de abandono escolar de los alumnos en España. Hubo progreso hasta el inicio de la gran expansión. En el año 1994, más del 36% de los alumnos no acabaron la primera etapa de la educación secundaria. Esa tasa se redujo hasta el 30% en el año 2001. Pero las grandes oportunidades que el crecimiento económico ofreció a los jóvenes provocó el abandono a gran escala. En el año 2009, más del 32% de los alumnos abandonaban prematuramente las escuelas. Habíamos retrocedido más de diez años, a pesar de que el gasto educativo aumentaba. La falta de oportunidades para incorporarse rápidamente al mercado de trabajo ha provocado que un número menor de alumnos abandonen. En 2013, la tasa había descendido al 23,5%. Pero las oportunidades de encontrar un empleo en el mercado no pueden ser la única explicación. Todos los países de la UE disfrutaron de un crecimiento económico continuado hasta el año 2008 y todos, sin excepción, consiguieron reducir la tasa de abandono escolar. Países próximos como Portugal, lo hicieron. Y otros más lejanos, como Irlanda, también, a pesar de crecer aún más rápidamente que España. Más significativo aún. Países muy pobres y con situaciones sociales desastrosas como Bulgaria o Rumanía han conseguido reducir ese fracaso escolar durante los últimos quince años. Ambos tienen la tercera parte de renta por habitante que España. Bulgaria tiene la mitad de abandono escolar que nosotros; Rumanía un 50% menos. Dentro de España, las diferencias entre comunidades autónomas son enormes.En 2009, nada menos que el 37,2% de los alumnos en Andalucía no acabaron la primera etapa de la secundaria, la más alta de España junto a Baleares. En 2013, se había reducido al 28,7%, por detrás de la misma comunidad y de Extremadura. Entre las diez regiones europeas con mayor tasa de abandono, seis son españolas. No hay excusas. Con la renta por habitante que tenemos, esos lugares son absolutamente inaceptables. Una población joven sin educación no va a ningún sitio. Ni ellos personalmente, ni el país o región en el que vivan. Con unas demandas educativas de las empresas cada vez más exigentes, los alumnos que abandonan están condenados a quedarse fuera del mercado de trabajo o a entrar en el mismo realizando las tareas más simples y peor remuneradas. Y las consecuencias sociales de ese estado de cosas no hay políticas públicas que sean capaces de repararlas en el futuro. Lo preocupante de todo esto es que podemos repetir, a partir de este año, los mismos errores que en la década pasada. Muchos se están alegrando del repunte del sector de la construcción. Como esto sirva para que la tasa de abandono vuelva a crecer, las políticas públicas habrán fracasado nuevamente y el modelo de crecimiento será, nuevamente, insostenible. En los debates políticos que se suceden estos días han sobrado muchos temas y ha faltado mayor atención al enorme problema educativo que padecemos. Sin resolverlo, ni Andalucía ni España podrán aspirar a generar empleo de forma estable y bien remunerado. Y no es sólo un problema de recursos públicos, como los casos de Rumanía y Bulgaria nos demuestran.
Rogelio Velasco
MÁLAGA HOY
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