Crisis, cambio sorpresivo, involuntario, puede resultar favorable o desfavorable, esconde peligros pero también oportunidades, casi siempre es desequilibrante. Momento de transformación o ruptura, nos urge tomar decisiones. Curiosamente, presentándose a menudo en el camino de personas, instituciones, civilizaciones, estamos poco preparados para enfrentarnos a ellas. Nos educan para la abundancia, para la victoria y, cuando la vida muestra su lado más sombrío, nos quedamos aturdidos. Las hay naturales, crisis de la adolescencia, las que son inherentes a los últimos tramos de nuestro itinerario vital…, y otras son producto de nuestra conducta, consecuencia de acciones anteriores. Unas son efímeras, coyunturales, se quedan en la superficie de los acontecimientos. Basta con actuar rápido para que el catarro no vaya a mayores. Otras son profundas, estructurales, se vienen larvando desde hace tiempo, contribuyendo nuestra desidia o inconsciencia a su gravedad y cronificación. Una bronquitis mal tratada puede derivar en neumonía. A veces estamos ante un riesgo real de muerte, de extinción irremediable. Las categorías pueden ser varias e interdependientes –crisis política, económica, sanitaria, educativa o de valores– obligando su gestión a un diagnóstico completo y honesto. Solo una muestra. Si me detengo en la crisis de los populismos de izquierdas y de derechas que recorren América y Europa, ¿cuál es su naturaleza y alcance? Mal harían las élites gobernantes, responsables de la irrupción de brotes y actitudes adolescentes en la escena pública, al minimizar su impacto. Causantes últimos del fenómeno – corrupción del poder, deterioro de las clases medias, insultantes desequilibrios salariales, pobreza insostenible e indigna–, les falta coraje , lucidez y humildad para afrontarlo.

¿De qué entidad es la crisis que recorre Europa? Me temo que seria, la pobre está muy alicaída. Solar natural del Estado del bienestar, logro histórico, estratégico, no sabe cómo revitalizar su invento enfrentada a pirámides de población invertidas, a un envejecimiento imparable que puede devenir en hastío y cansancio. Falta energía, vitalidad, vivir se hace una subida costosa. Necesitando los europeos ser más globales y abiertos que nunca, se repliegan sobre sus raíces locales, blindando fronteras geográficas, económicas, culturales, identitarias. La mezcla de los desafíos planteados y la escasa talla intelectual y moral de los líderes políticos resulta explosiva, limitándose las urnas a recoger y constatar la enjundia de la crisis.

En el ámbito económico y empresarial se suceden también todo tipo de crisis. Algunos sectores y empresas solo necesitan unos retoques, renovar la fachada y el mobiliario, cuidar su imagen. Los cimientos permanecen sólidos y resistentes. En otros sitios, la problemática es más complicada. Los tratamientos preventivos no surten efecto. Es el tiempo de cirujanos técnicamente expertos y humanamente sensibles. En el trasfondo, la revolución tecnológica, la irrupción exponencial de la era digital. Estamos en las primeras estribaciones de una sociedad nueva que tendrá que aprender a conjugar ciencia y ética, desarrollo y justicia, riqueza y equidad, progreso y sabiduría, inteligencia y bondad. Dos industrias a modo de ejemplo. La crisis de la banca, más estructural que pasajera. Los tipos de interés negativos pueden quedarse en un contratiempo temporal que se une a la creciente regulación y control bancarios. Sin embargo, el modo de hacer banca en el futuro será diametralmente distinto, manifestándose el excesivo número de oficinas como un anacronismo limitante. Debiendo abordar todas las empresas el reto de clientes más informados y críticos, bien haría la banca interrogándose por las características actuales de su negocio y de sus futuros competidores. Los medios de comunicación, actividad, profesión y servicio esencial para una sociedad libre y avanzada, también tienen deberes pendientes. El periódico impreso con el que he crecido y disfrutado toda mi vida, ¿sobrevivirá o estamos en su últimos suspiros? Siendo de los que piensa que tiene un trascendente papel que jugar –lugar de reflexión y debate, de estudio y profundización, de opinión rigurosa y fundada, poniendo una pausa en la vorágine de información y datos que viajan por la Red–, todo pasa por un análisis veraz, objetivo e incisivo de los tiempos que corren. Respetando las claves del mejor periodismo, manteniendo sus universales señas de identidad, lo viejo y lo nuevo se entreveran, deberá ser capaz de reinventarse en un alarde de honestidad y confianza en su propio destino.

Dos sectores, dos ejemplos. Abundan por doquier. ¿Circunstancia de su industria y empresa, estimado lector? ¿Salud rebosante, crisis? ¿Tos incipiente, primeros signos de algo más grave? ¿Recursos propios para acometer el problema? ¿Y nuestro ciclo personal? ¿Más allá de lo que diga el DNI, cuál es nuestra edad mental, emocional, espiritual? ¿Mantenemos vivas las ilusiones, los sueños, o la crisis amenaza con apagar nuestra energía?

EXPANSIÓN

Santiago Álvarez de Mon