El número de estudiantes matriculados en grados desciende en más de 100.000 personas en los últimos cinco años

En la universidad española de hoy, comparada con la de hace cinco años, hay menos alumnos matriculados en los grados y más apuntados los másteres. La tasa de abandono ha aumentado pero, a cambio, los que se quedan aprovechan ahora la carrera más que antes. Son algunas de las principales conclusiones del informe anual de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), que apunta también que España sigue siendo un país líder en universitarios trabajando en empleos por debajo de su cualificación.

El trabajo, que se ha presentado este lunes en Madrid, disecciona en 229 páginas las principales transformaciones que se han producido en los 84 campus españoles(50 públicos y 34 privados) durante los últimos años. La universidad de antes de la crisis ya no es la misma que la de ahora. La Fundación Conocimiento y Desarrollo, que preside Ana Patricia Botín, denuncia que “los recursos puestos a disposición de las universidades siguen descendiendo” y se mantienen “lejos” de la UE y de la OCDE.

Tampoco se ha avanzado en las políticas de gobierno, según este informe, dado que “la última legislatura” no ha desarrollado “iniciativas relevantes” y su balance es “muy limitado”. Ahí está, por ejemplo, ese informe para reformar la universidad que elaboraron en 2013 los sabios de José Ignacio Wert y que ni él ni su sucesor,Íñigo Méndez de Vigo, han utilizado. Ningún cambio universitario de calado ha tenido lugar en los últimos años, denuncia este trabajo.

Los alumnos

En cambio, en el perfil de los estudiantes se han producido transformaciones interesantes, al menos desde un punto de vista sociológico. La crisis y los recortes han repercutido en unas cosas para bien y en otras para mal. Por ejemplo, el número de alumnos matriculados en estudios de grado ha descendido en 127.674 personas entre el curso 2011/2012 y el curso 2015/2016. En otras palabras, se ha producido una caída en las matriculaciones del 8,7%. ¿Por qué?

El informe lo atribuye a “la reducción de la población en la edad típica universitaria de grado (18-21 años), que representaba en el año 2015 un 6% menos que en 2012, pero también a las fuertes subidas de los precios públicos universitarios, de un 20% en promedio en el grado, y al endurecimiento de las condiciones para obtener y mantener una beca”.

“No parece poco razonable plantear que la bajada en el número de estudiantes es una derivada del impacto de la crisis”, ha explicado el vicepresidente de la Fundación CYD, Francesc Solé, durante la presentación del estudio. “Sin duda algo debe haber influido el coste del precio de la matrícula. Si se incrementa el precio de un producto sustancialmente, la demanda disminuye”.

De forma paralela, el número de alumnos matriculados en másteres oficiales ha crecido de forma constante desde antes de la crisis. “En los másteres influye más la percepción de calidad que tiene el alumno y menos el precio. Además, son de relativa nueva introducción y, por tanto, es lógico que suban las matrículas”, sostiene Solé. También ha aumentado el número de los estudiantes que segradúan (de los 192.614 registrados en el curso 2008/2009 a los 233.596 del curso 2014/2015).

Y se ha elevado la tasa de rendimiento del alumnado matriculado en estudios de grado: ahora los estudiantes aprueban el 77,2% de los créditos en que se matriculan, cuando en 2011/2012 este porcentaje era del 72%. Al mismo tiempo, ha subido la tasa de abandono del estudio en el primer año, del 19% que se registraba en ese mismo periodo al 22,5% que recogen los últimos datos disponibles. Ha ocurrido en todas las autonomías, menos en Andalucía y en la Comunidad de Madrid.

Todo parece indicar que, al encarecerse el precio de los créditos (sobre todo los de las segundas y terceras matrículas), los universitarios aprovechan más y no pierden el tiempo con sus estudios. No pueden permitirse suspender y volver a pagar por una asignatura. Así que, si ven que no avanzan con la carrera, la abandonan en el primer año.

“Se ha producido un cambio en el comportamiento del alumnado. La gente ha tomado conciencia de que hay que aprovechar”, ha explicado a EL MUNDO Francesc Solé, que es profesor de Economía en la Universidad de Barcelona. “Sabe que, por la matrícula del primer año paga una cantidad, pero el coste aumenta en las segundas matrículas y tiene que dedicar más recursos. Es consciente de que no puede pagar por pagar. Antes daba más igual. Yo lo he notado con mis alumnos”.

¿Y cómo les va a estos universitarios cuando terminan los estudios? El informe explica, citando estadísticas del INE y del Ministerio de Educación, que la inserción laboral de los que se titulan en universidades privadas “es mejor” que la de los que lo hacen en las públicas y que a las mujeres les va peor que a los hombres.

Aprecia “una evolución positiva” entre 2013 y 2015 (a diferencia de lo que ocurría entre 2007 y 2013) para los graduados superiores españoles: “La tasa de paro ha descendido dos puntos y medio, frente a las siete décimas registradas en la UE”.

Sin embargo, somos líderes en sobrecualificación. El estudio advierte que España, en 2015, es el país de la UE “en que un menor porcentaje de graduados superiores de entre 25 y 64 años que estaban empleados lo estaban en ocupaciones de alta cualificación“. El porcentaje es del 62,2% para España (siete décimas menos que el año anterior) y del 77% para la UE.

Con los datos de sobrecualificación de la OCDE, España se convierte en “el país, de los 29 que ofrecían datos en 2013, con un mayor porcentaje de trabajadores cuyo nivel educativo era superior al nivel requerido para su empleo”. El porcentaje español, del 25%, estaba a más de 10 puntos porcentuales del promedio de estos 29 países (en torno al 15%).

“Este mayor nivel de sobrecualificación español se debe al desajuste entre el número de graduados que obtienen su diploma anualmente y el número de ocupaciones de alta cualificación que genera la economía española”, sostiene el informe.

Los profesores

Es también consecuencia directa de la crisis la reducción del personal docente e investigador (de algo más de 100.000 personas en 2009/2010 a 94.352 en 2013/2014) y el envejecimiento de las plantillas, un problema “agudizado como consecuencia de la introducción de límites a la reposición del profesorado que alcanzaba la edad de jubilación y a la eliminación generalizada de incentivos a la jubilación anticipada”.

El 46% de los catedráticos tiene más de 60 años, un cuerpo cuya edad media es de 58 años. El resto no se queda demasiado atrás: los profesores titulares tienen una edad media de 51 años; los asociados, de 45 años, y los contratados doctores, de 44 años. Los más jóvenes, de media, son los ayudantes (37 años), los ayudantes doctores (39 años) y los lectores y sustitutos (39 años).

Y, además, de ser una universidad que tiende a envejecer, es una universidad tirando a endogámica, a juzgar por el “bajo nivel de movilidad” que existe en los campus. “Existe un alto porcentaje de personal docente e investigador doctor queha leído la tesis doctoral en la misma universidad en la que desempeña su actividad docente e investigadora”.

El sistema

El informe resalta también que, en gasto en educación superior, España se sitúa“lejos” del promedio de la UE-21 y de la OCDE en todos los indicadores, tanto en gasto total anual en la educación superior por estudiante (12.356 dólares, inferior en más de 2.500 dólares al dato de la UE y de la OCDE); como en gasto en educación superior como porcentaje del PIB (1,24% en 2012, por el 1,36% de la UE); como en gasto público.

“En estos últimos años ha aumentado el peso de los fondos privados en el total del gasto universitario en mayor proporción que en la UE-21 y en el conjunto de la OCDE”, advierte el informe, que recuerda que “también continúan disminuyendo los recursos disponibles para la investigación y desarrollo y los ingresos de la actividad de la transferencia de las universidades”.

Todo ello repercute en la calidad de los trabajos. La botella medio llena nos dice que el número de empresas de base tecnológica con origen en la universidad (spin-offs) que sobreviven a sus cinco primeros años de vida ha crecido un 10,8% en el periodo 2012-2014; que las solicitudes de patentes universitarias han aumentado un 3,6% desde 2010, y que las publicaciones científicas españolas han continuado subiendo y en 2014 suponían ya el 3,6% de la producción mundial, frente al 3,3% de 2010. Pero la botella medio vacía advierte que “disminuye la excelencia y liderazgo de dichas publicaciones”.

“El impacto de la crisis en la universidad española ha sido, y es, de una importancia muy notable. Podremos seguramente hablar muy pronto de la década perdida del sistema universitario español”, reflexionan los expertos que han elaborado este informe.

Francesc Solé interpreta que “el sistema universitario español ha gestionado razonablemente esta disminución de recursos y ha resistido la crisis en un esfuerzo digno de subrayar”. “No nos creíamos que teníamos una universidad tan organizada como para resistir este embate y eso es sorprendente”. Pero las instituciones superiores de otros países avanzan a pasos de gigante y, si en España no se toman medidas, nos quedaremos atrás, advierten los expertos de la Fundación CYD.

Durante la presentación de este trabajo, la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, ha apostado, ante los rectores, por “mejorar la financiación de las universidades, proporcionarle mayor autonomía para que tengan más flexibilidaden la toma de decisiones y en su propio desarrollo, y vincular la financiación a los progresos en sus planes, objetivos y resultados”.

Éstos son, de hecho, los cambios que se reclaman desde hace tiempo en buena parte del mundo universitario: por un lado, recompensar más a aquellos campus que mejor lo hagan y, por otro, flexibilizar el sistema de contrataciones de forma que exista la posibilidad de realizar más fichajes de fuera. O, dicho en palabras de Botín, de “atraer al mejor profesorado y al mejor alumnado nacional e internacional, mejorar la estabilidad en la contratación de personal docente e investigador extranjero, e impulsar la movilidad del profesorado y la interacción universidad-empresa”.

“Hay que dar un golpe de timón en la financiación si queremos garantizar un crecimiento sostenible en la universidad”, ha recalcado el coordinador del informe, Martí Parellada.

EL MUNDO