Rogelio Velasco

DIARIO DE SEVILLA
La acumulación y proximidad de personas, profesiones diversas y de empresas, en zonas urbanas, suministran el marco ideal para que las ideas y las oportunidades fluyan con gran libertad. Ese flujo conecta a las distintas personas y también a las empresas e instituciones que están ubicadas en el mismo espacio. Esas interacciones permiten a las personas y empresas aprender de otras, estimulando la creatividad a través de la copia, primero, y de la innovación, más tarde. Ese flujo de ideas incesante, permite la creación de nuevos productos y servicios que mejoran la productividad o el bienestar de los ciudadanos. La existencia de enormes ciudades que siguen creciendo -y el despoblamiento rural- carecería por completo de sentido económico, si no contribuyeran de manera decisiva al incremento de la productividad, que explica los altos salarios conseguidos en las ciudades y el elevado coste de la vivienda. Nada de lo que hoy tenemos existiría sin la proximidad de personas, empresas e instituciones. El propio progreso fundamental de la agricultura se ha generado en los núcleos urbanos. La maquinaria y los fertilizantes que han revolucionado al sector primario se han producido en empresas de ingeniería mecánica y química ubicadas en ciudades. Este papel de las ciudades encaja muy bien con la teoría y la evidencia que conocemos, referidas tanto a la localización como al crecimiento económico. Las ideas se transmiten dentro de las ciudades de manera gratuita. El mero hecho de vivir rodeados de gente y de empresas, con las que interactuamos, nos permite aprender de forma gratuita y aplicar ese conocimiento a actividades productivas. De manera simbólica, podemos decir que es más fácil para una nueva idea cruzar una calle o una plaza, que atravesar montañas o mares. Los economistas denominamos externalidades a ese proceso por el que aprendemos sin tener que pagar a las personas o empresas que hayan generado nuevas ideas. Y el aprovechamiento se produce tanto para empresas y personas que trabajan en el mismo sector económico, como para otras que trabajan en sectores diferentes. Hay muchos ejemplos históricos con los que hoy también contamos. Las pymes del sector aeronáutico en Sevilla se desarrollan dentro de su mismo sector. Por el contrario, el avance de la bioinformática en Granada se debe al desarrollo del sector de la salud en la ciudad: ha sido ese sector el que ha provocado el progreso en otro complemente distinto -la informática- como consecuencia de la interrelación de personas y empresas de esos distintos sectores en una misma ciudad. En un mundo globalizado, esas ideas se generan en muchas ciudades del planeta. En la medida en que la ciudad en la que vivimos sea una ciudad abierta, cosmopolita, en donde acudan personas de otras ciudades internacionales para asentarse, el proceso de imitación y generación de nuevas ideas se acelera, enriqueciendo todo el proceso de transmisión de conocimiento, que genera más conocimiento, y que puede aplicarse a actividades productivas. En la pasada campaña electoral, he oído poco sobre el papel económico de las ciudades. Sin ciudades dinámicas, abiertas, activas y emprendedoras, nuestra economía no tendrá futuro; no podrán satisfacerse las promesas electorales.
Rogelio Velasco
DIARIO DE SEVILLA
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