Gloria de la Viña
EL ECONOMISTA

Desde todos los ámbitos, europeo, nacional y regional, existe un mensaje constante y rotundo a las empresas: invertir en innovación es fundamental para ser competitivas, internacionalizar y superar la crisis. De manera coherente, existe un amplio apoyo institucional a proyectos innovadores mediante programas de financiación a la I+D+i, tanto a nivel europeo, como nacional y regional. Si bien las estadísticas correlacionan el PIB más alto de países industrializados, como Alemania o Francia, con su porcentaje de inversión en I+D, la sostenibilidad de la innovación resulta difícil de percibir por la mayoría de las empresas, ya que el retorno de la inversión en I+D+i suele tener ciclos largos.

Las empresas que han desarrollado una estrategia global de innovación basada en I+D+i entran en un cambio cultural que favorece sin duda la rentabilidad del modelo. Sin embargo, la I+D+i siempre genera gran cantidad de activos intangibles -procesos internos, conocimiento, patentes, etc.- que tardan en ponerse en valor por parte de la empresa, o que nunca se valorizan por apartarse demasiado del core de su negocio. Esto genera sensaciones contradictorias en las empresas, incluso en situaciones en que los proyectos de I+D han aportado resultados positivos, permitiendo poner en el mercado tecnologías y productos competitivos. Internamente, puede haber cierta sensación de que el esfuerzo realizado en I+D+i ha sido en gran parte infrautilizado y que aprovechar los activos intangibles obtenidos requeriría nuevos esfuerzos que la empresa ni puede ni debe abordar.

Existe una manera de salir de esta situación. La estrategia de I+D+i empresarial debe complementarse con una línea paralela de valorización integral de los intangibles obtenidos.
La puesta en valor de éstos mediante estrategias comerciales ajustadas, que destilen su valor al tiempo que desechan los
activos depreciados, puede ser la clave que falta desarrollar en un gran número de empresas para cerrar el círculo virtuoso de la competitividad a través de la innovación.

Durante los últimos diez años, Corporación Tecnológica de Andalucía (CTA) ha promovido y financiado la I+D+i empresarial en colaboración con grupos de investigación como parte fundamental de nuestra actividad fundacional. CTA también está involucrada en cerrar este círculo virtuoso en el que la inversión en I+D+i por parte de la industria se convierte en generación de riqueza económica.

Gloria de la Viña
EL ECONOMISTA