Emilio Lledó (Sevilla, 1927) confiesa estar «abrumado» y asegura que «necesita un poco de espacio». Es lógico. En las últimas 24 horas le ha llovido un aluvión de felicitaciones que un humanista como él, siempre alojado en el umbral de la reflexión y alejado de los focos mediáticos, no está acostumbrado a recibir. Pero ayer todos reclamaban la atención del filósofo, flamante premio Nacional de las Letras Españolas 2014. El jurado decidió premiar a Emilio Lledó por «su pensamiento y dilatada obra, que armoniza la filosofía del Logos, la hermenéutica, el valor estético y ético de la palabra, la defensa de la libertad y reivindica la vocación docente».

El último libro publicado por el humanista llevaba por título «Los libros y la libertad» (RBA). «Hablar de Mozart cuando la gente pasa hambre parece algo casi obsceno. Pero debemos aspirar a que lo más importante no es la economía», advierte Lledó. ¿Aunque esa economía rija nuestra vida? Para desarrollar tan evidente respuesta Lledó vuelve a echar mano de los clásicos y cita a Aristóteles: «Lo dijo hace 24 siglos. Lo pragmático no es el bien supremo. Hay que entusiasmarse con lo que haces, que haya profesores que nos entusiasmen, durante la universidad, pero empezando en la escuela». Porque, en nuestra sociedad, la educación es «esencial, fundamental, vital para la inteligencia». Y ahí es cuando Emilio Lledó reprende a nuestros políticos, lastrados por los recientes casos de corrupción. «Este país merece que los políticos se entreguen de verdad a esa labor tan importante que es la educación. El verdadero patriotismo es el de la cultura, el de la palabra, el del diálogo», sentencia el filósofo.

« Los clásicos tenían libertad, la mente limpia. Los primeros filósofos de Grecia miraban el mundo de verdad, querían entender. Todos queremos saber quién nos enriquece y nos manipula, eso lo aprendimos de los clásicos», recuerda. Un hecho que a veces olvidamos, sumidos en esa «empobrecida individualidad», fruto de la «ignorancia» y la «falta de reflexión».

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