Juan M. Marqués Perales
DIARIO DE SEVILLA
Andalucía envía 60 diputados al Congreso, de los que casi una cuarta parte están ahora en juego debido a la caída del PP respecto a 2011

Andalucía es la comunidad que más diputados elegirá el próximo 20 de diciembre en las elecciones generales, un total de 60 escaños, de los cuales casi un tercio, unos 14, está en clara disputa entre el PP y los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos. Pueden cambiar de manos. El extraordinario resultado obtenido por los populares hace cuatro años, cuando obtuvieron 33 diputados gracias a 1,9 millones de votos, todo un récord conseguido en vísperas de la victoria insuficiente de Javier Arenas, no se volverá a repetir, por lo que la espuma de ese crecimiento se repartirá en un pequeño pastel donde todos tienen cuchara. A ello se le añaden los dos escaños de IU por Málaga y por Sevilla, cuyo electorado es perseguido por Podemos. Ciudadanos y Podemos aspiran a tener siete escaños u ocho escaños cada uno, pero sus batallas principales van a lidiarse en las circunscripciones más pobladas, Sevilla, Málaga y Cádiz. Huelva y Jaén, por tamaño, son las más complicadas para los partidos pequeños, por lo que buscan compensarlas con las grandes circunscripciones.

Desde noviembre de 2011, los populares han venido perdiendo apoyo elección tras elección hasta dejarse en el camino 900.000 votos -resultado de comparar esas generales con las autonómicas de marzo de 2015-, de tal modo que de confirmar esta tendencia, la campaña se puede convertir en un asalto de Ciudadanos a por el voto del PP, mientras el partido de Mariano Rajoy intenta reponerse gracias a los datos económicos -la última EPA sale mañana, y será buena- y a la apelación a la moderación. Si se mantiene el comportamiento de las últimas elecciones autonómicas y municipales, al PSOE le bastaría mantener un resultado asentado en 1,2 millones de votos para diferenciarse sobre el PP, mientras que Podemos afronta unas elecciones difíciles, dispuesto a quedarse con el voto de IU, de los descontentos socialistas y del elector que se quedaba en la abstención.

Si se toma como una indicación, y sólo como eso, el resultado de las elecciones autonómicas de este mismo año, y se traslada a los escaños de las generales, el PP perdería 13 escaños en Andalucía. En todas las provincias se produciría un vuelco, a excepción de Sevilla, que fue la única donde ganó el PSOE en 2011. IU perdería el escaño por Málaga, y PSOE, Ciudadanos y Podemos se repartirían ese pastel, con una clara ventaja de los últimos. Con esos datos, el PSOE habría pasado de 25 escaños a 27, que está en la horquilla de las previsiones de este partido.

La situación política ha cambiado desde marzo -por ejemplo, Podemos parece desinflarse mientras avanza Ciudadanos- y hay que considerar que el voto en las generales es tradicionalmente distinto, por lo que cabe suponer que el PP no perdería tantos escaños, 13 son muchos. El partido de Albert Rivera obtendría más diputados que los tres que se le atribuye si se traslada el resultado de las autonómicas al 20-D. Esta traslación no es correcta si se toma al pie de la letra, pero sí es indicativa de lo que puede ocurrir. Y a ello se añade el sondeo del Egopa, de la Universidad de Granada, realizado en verano, que apunta una leve ventaja del PP en voto declarado de cara a las generales. Según esos datos, un 22,1% de los encuestados votarán al PP; un 21,8% al PSOE; un 13,4%, a Ciudadanos, y un 11,3% a Podemos. El Egopa no cocinó los datos relativos a los generales, por lo que esos porcentajes corresponden al voto declarado. Y se aprecia, claramente, que el PP no estaría tan mal y que Ciudadanos habría adelantado a Podemos. Estaríamos en una situación en la que otro Gobierno de Mariano Rajoy está mejor considerado por los andaluces que la alternativa de Juanma Moreno.

Hay que considerar también que muchos de los escaños que obtuvo el PP en las generales pasadas, uno por provincia, se consiguió gracias a los restos, por lo que los populares podrían perder una buena tacada sólo con obtener un resultado un poco más malo que en 2011.

El resultado de Andalucía marcará en buena medida las opciones de Mariano Rajoy para revalidar su victoria. El PP necesita que la diferencia con los socialistas en el sur no sea demasiado abultada, no tan grande como para que no sea compensada por los escaños que pueda obtener de más en las dos Castillas o Galicia. El PP parece que tiene dificultades para mantener sus feudos tradicionales de Madrid y Valencia, mientras que se mueve en la irrelevancia en Cataluña y en el País Vasco.

A pesar de lo apurado de estas elecciones, el PP sigue sin nombrar a sus candidatos por las provincias, pero se espera que pueda ocurrir a partir del lunes, cuando se disuelvan las Cortes. Mariano Rajoy decidirá, personalmente, quiénes encabezarán las principales circunscripciones, por lo que será el presidente del Gobierno quien mostrará hasta dónde llega la renovación anunciada por su líder andaluz, Juanma Moreno. Se verá, entonces, si Celia Villalobos y Teófila Martínez repiten por Málaga y Cádiz, respectivamente, y si Javier Arenas se presenta por Sevilla o Almería. O si Montoro lidera la lista por Jaén. El ministro de Hacienda se presentó en 2011 como cabeza de lista por Sevilla. Arenas aseguró ayer en la Cope que ésta es una decisión de Rajoy.

Mientras que Ciudadanos medirá en estas elecciones generales si ha adelantado a Podemos como tercera fuerza, tal como indican los sondeos, el partido de Pablo Iglesias llega lastrado por el desgaste mediático y la brecha abierta en Andalucía con los partidarios de Teresa Rodríguez. Izquierda Unida aún debe resolver con qué nombre se presentará. Parece que José Luis Centella no repetirá por Sevilla y que Alberto Garzón no lo hará por Málaga, sino por Madrid. Sevilla es una de las pocas circunscripciones españolas donde los de IU pueden mantener el diputado.